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Playing Our Part: los futbolistas profesionales se suman a la respuesta contra la covid-19

16 de septiembre de 2020

El informe «Playing Our Part» de la FIFPRO pone de relieve la labor social de los futbolistas profesionales en sus comunidades durante la pandemia de covid-19 y revela la cruda realidad de aquellos que perciben salarios más bajos y se enfrentan también a un futuro incierto.

Marcus Rashford, a raíz de su propia experiencia durante su infancia en Mánchester, dirigió con éxito una campaña en la que persuadió al gobierno británico a ampliar un programa de raciones gratuitas de comida en las escuelas que benefició a 1,3 millones de niños procedentes de familias de bajos recursos.

“Creo que todos estamos de acuerdo en que ningún niño debería acostarse con hambre”

— por Marcus Rashford, jugador del Manchester United

Cuando Keita Baldé supo que 200 trabajadores senegaleses se encontraban desamparados en España después de haber perdido su trabajo debido a la pandemia, el jugador de la selección de Senegal costeó 80 camas de hotel y organizó otras posibilidades de alojamiento para 120 personas más.

En Japón, cinco futbolistas de clubes de segunda división se unieron para donar material médico a las autoridades sanitarias regionales para ayudar a luchar contra la propagación de la enfermedad.

En Marruecos, el exjugador de la selección nacional, Abderrazak Hamdallah, decidió asumir la responsabilidad económica de 1.000 familias que habían resultado especialmente afectadas por el coronavirus.

En una iniciativa dirigida por la portera sueca Hedvig Lindhal, las mejores jugadoras del fútbol femenino recaudaron más de 20.000 euros subastando por Internet camisetas usadas en competiciones.

Los compañeros de equipo alemanes Joshua Kimmich y Leon Goretzka no solo contribuyeron al éxito de la Liga de Campeones del Bayern de Múnich este año. Fuera del campo de juego, la pareja fundó «WeKickCorona» para apoyar a asociaciones benéficas e instituciones sociales que ayudan a los más necesitados durante la pandemia.

Con la ayuda de compañeros de equipo, la iniciativa recaudó más de 5 millones de euros para diferentes causas, entre ellas, servicios de donación de sangre, bancos de alimentos, equipos médicos nuevos en hospitales y apoyo a las personas sin hogar.

Cuando se desencadenó la pandemia, muchos jugadores de ligas menores y mercados de fútbol más pequeños pasaron a encontrarse en una situación de necesidad: el 45 % de los jugadores profesionales del fútbol masculino percibe menos de 1.000 dólares mensuales. En el fútbol femenino, más de la mitad de las futbolistas profesionales gana menos de 600 dólares al mes.

Con el fútbol suspendido en Colombia, más de 100 jugadoras se quedaron sin salario ni seguridad social; la Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales, ACOLFUTPRO, organizó la distribución de agua y alimentos.

En Botsuana, algunos clubes dejaron a deber a sus jugadores varios meses de salario y algunos futbolistas se enfrentaron a un posible desahucio. El sindicato de jugadores intervino para ofrecer apoyo con la provisión de alimentos para los jugadores más afectados.

La pandemia dejó a muchos profesionales aislados, enfrentándose a un futuro incierto e incluso a la posibilidad de desempleo.

La Asociación de Futbolistas Profesionales de Australia organizó un programa de asesoramiento sobre la trayectoria profesional, la formación y el estado físico en el fútbol para todos sus miembros. El sindicato ofreció un apoyo extra a la salud mental, llegando a costear citas con asesores para los jugadores.

En varios otros países, los profesionales en la cima de la pirámide del fútbol prestaron ayuda a sus colegas más afectados.

En Irlanda, un grupo de jugadores internacionales veteranos se unió para colaborar con un fondo de emergencia de 30.000 euros establecido para ayudar los futbolistas de la liga nacional irlandesa a raíz del cese temporal del fútbol nacional.

En los Países Bajos, los jugadores aceptaron reducciones en su salario para ayudar a los clubes a superar la crisis. Como no todos los jugadores podían permitírselo, el principio por el que se rigieron fue el siguiente: el más fuerte debería llevar la carga más pesada. Cuanto mayor era el salario del jugador, mayor era la rebaja del mismo, con excepciones para aquellos jugadores con los salarios más bajos.

Cada futbolista tiene el derecho de tomar sus propias decisiones en respuesta a los efectos del coronavirus en el fútbol. Pero nuestro informe revela que los jugadores pueden decir: we are #PlayingOurPart (estamos desempeñando nuestro papel).

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