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“Los derechos humanos presentan una oportunidad para los sindicatos de futbolistas”

30 de abril de 2021
Francis Awaritefe preside el sindicato de futbolistas profesionales de Australia y es miembro del Comité Ejecutivo de FIFPRO. Con ocasión del Día Internacional del Trabajo, el antiguo Socceroo convertido a abogado comparte su opinión acerca de los derechos de los futbolistas profesionales.

En tu opinión, ¿cuáles son los derechos laborales más fundamentales de un futbolista profesional?

Tal como yo lo veo, los derechos fundamentales de un futbolista profesional, en general, abarcan tres ámbitos diferenciados: derechos laborales, derechos personales y derechos jurídicos.

En primer lugar, los derechos laborales de los futbolistas incluyen el derecho a la libre asociación con cualesquiera asociaciones o sindicatos de su elección, para que estos últimos representen y defiendan sus intereses. El derecho a la negociación colectiva para alcanzar un juego justo y condiciones laborales dignas, incluyendo el derecho a negociar una parte justa de los ingresos y de la actividad económica que el jugador ha contribuido a generar. Los futbolistas que mantienen una relación laboral tienen derecho a la protección de su estatus como trabajadores o empleados y a la estabilidad y seguridad contractuales.

En segundo lugar, los derechos personales. Estos incluyen el derecho a la seguridad y salud, privacidad y vida familiar. Igualmente importante es la protección de los datos personales, la protección del nombre, imagen, apariencia y rendimiento, que no podrían ser explotados comercialmente sin el consentimiento informado del jugador, ya sea a nivel individual o colectivo.

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Por último, los derechos jurídicos del jugador, que incluyen el derecho a la diligencia debida y a la presunción de inocencia ante la ley, incluyendo un mecanismo diligente de reclamación para la resolución de disputas, de acuerdo al principio de igualdad de representación, en el nombramiento de un panel u organismo arbitral.

Estos derechos son fundamentales pues, desde que han existido los organismos rectores del deporte, han regulado la relación laboral con los jugadores bajo las nociones de ‘autonomía del deporte’ o bajo el concepto propio del Derecho de la Unión Europea, ‘especificidad del deporte’. En realidad, estas nociones se emplean de modo que suelen dar lugar al abuso de los derechos de los jugadores. Hasta hace poco, el régimen regulador del empleo global para el jugador de la FIFA negaba (y, en algunos casos, continúa negando) los derechos fundamentales que otros ciudadanos dan por sentado, como el derecho a la libre asociación o el derecho a la negociación colectiva, de conformidad con los derechos humanos reconocidos a nivel internacional.

La problemática que se plantea con los derechos laborales fundamentales es evidente también en países miembros de la FIFA, donde el sistema jurídico, los clubes y las federaciones nacionales de fútbol niegan el derecho a la libre asociación y el derecho a la negociación colectiva: negando efectivamente a los futbolistas profesionales la oportunidad de expresarse para modelar sus condiciones laborales.

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¿Qué puedes decirnos acerca del respeto en el mundo del fútbol hacia estos derechos laborales fundamentales que has mencionado?

El alcance del respecto por los derechos fundamentales de los futbolistas varía dentro del fútbol global, atendiendo a diversos factores, como según cuáles sean el continente/región, la fortaleza económica del sindicato nacional, las ligas y los clubes de la región, el sistema jurídico a nivel nacional, y la existencia y fortaleza de los sindicatos de jugadores en cada país. A resultas de estos factores, existen dificultades en algunos países y regiones del mundo para que los futbolistas profesionales puedan ejercitar sus derechos fundamentales.

¿Cómo concibes el cambio para esta situación, y qué papel juegan los sindicatos en ello?

En 2016, la FIFA se comprometió estatutariamente a respetar los derechos humanos de los futbolistas, de conformidad con los derechos humanos reconocidos a nivel internacional, según los Principios Rectores de las Naciones Unidas sobre las Empresas y los Derechos humanos (PRNU). Los PRNU, a través de su marco ‘Proteger, respetar, remediar’, proporciona medios para que la FIFA y sus miembros, incluyendo clubes y ligas, cumplan sus obligaciones de respetar los derechos fundamentales de los futbolistas, que abarcan derechos laborales, personales y jurídicos.

La adopción de los PRNU por la FIFA puede cambiar el juego para los derechos fundamentales de los jugadores, siempre que los sindicatos de jugadores puedan ver la oportunidad que ello presenta. Ello es evidente en el papel que desempeñó en 2019 para la liberación del futbolista de Bahréin, refugiado y defensor de los derechos humanos, Hakeem Al-Araibi, que fue retenido en Tailandia más de 70 días, esperando la resolución de una solicitud de repatriación a Bahréin. Además, ello es evidente en el papel que juega ahora el compromiso de la FIFA con los derechos humanos, en relación con el activismo de los jugadores para la promoción de los derechos humanos respecto a los trabajadores inmigrantes que construyen la infraestructura de la Copa Mundial en Qatar, y en las repercusiones del asesinato de George Floyd y la campaña global Black Lives Matter contra el racismo y la injusticia social.

El compromiso de la FIFA de respetar los derechos humanos es también una notable oportunidad para que los sindicatos de jugadores alcancen un acuerdo con sus respectivas ligas y federaciones, a fin de que cumplan sus obligaciones estatutarias de respeto a los derechos humanos, incluyendo los derechos laborales, personales y jurídicos de los futbolistas profesionales en su jurisdicción correspondiente. Ese es ahora el trabajo que deben realizar urgentemente todos los sindicatos de jugadores a nivel global.

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Al haber sido tú mismo un futbolista profesional y mantener ahora posiciones prominentes de gobernanza, ¿puedes explicarnos lo que significa ser futbolista profesional en las actuales industrias del fútbol masculino y femenino?

Sí, la percepción que tiene el público acerca de los futbolistas profesionales puede ser la de jóvenes hombres ricos, despreocupados, que reciben un salario exorbitado por jugar al fútbol. Los seguidores, e incluso los administradores, suelen concluir que el prodigioso talento de un futbolista es un ‘don divino’: no resultado del duro trabajo, dedicación, sacrificio, resiliencia y otras características universalmente reconocidas, tales como el trabajo en equipo, el respeto y un profundo amor por el fútbol.

Por naturaleza, la carrera de un futbolista profesional es breve y precaria: una carrera donde muchos establecen el trayecto para convertirse en futbolista profesional pero pocos llegan a la cima.

FIFPRO ha publicado el Informe Global del Empleo, para el que entrevistó a 14.000 futbolistas de Europa, América y África en 2016. La cruda realidad que muestra el informe es que, fuera de la élite global, el 45% de los entrevistados ganaba menos de 1.000 USD al mes. El salario medio neto se situaba entre 1.000 y 2.000 USD al mes.

Y el informe Raising Our Game 2020 de FIFPRO puso de manifiesto que la indemnización económica para las jugadoras es, por lo general, insuficiente para poder vivir dignamente.

Además, existe una práctica generalizada de abuso de los jugadores y de sus derechos contractuales.

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Las jugadoras de la selección nacional femenina son algunas de las atletas más populares y reconocidas de Australia. ¿Puedes explicarnos su avance hacia el fútbol profesional en la actual industria del fútbol y cómo el sindicato (Futbolistas Profesionales de Australia) apoyó y elevó la industria?

El equipo de la selección nacional femenina de Australia, “The Matildas” es supuestamente el equipo nacional deportivo de perfil más elevado y popular de Australia.

Un catalizador para esa posición envidiable que disfrutan hoy en día, fue la huelga de jugadoras de 2015. Los derechos fundamentales de The Matildas de unirse al sindicato de futbolistas profesionales de Australia, organizarse y negociar colectivamente su remuneración, condiciones y decisiones clave relativas a sus carreras fue decisivo, pues pudieron negociar los términos y condiciones de su juego en la selección nacional y, crucialmente, estar representadas por personas u organizaciones de su elección; mientras que, históricamente, las decisiones clave habían sido alcanzadas sin su acuerdo.

Los resultados de la huelga de jugadoras de 2015 sentaron las bases del acuerdo histórico para la igualdad salarial en 2019.