Sobre la autora
La arquera internacional italiana Katja Schroffenegger fichó por el Como en 2024, pero pasó la mayor parte de su primera temporada recuperándose de una rotura del tendón de Aquiles. Durante este periodo, sufrió un colapso pulmonar, una afección que puede ser mortal si no se trata. La futbolista, de 34 años, ha vuelto a jugar y quiere destacar la importancia de hablar de las lesiones menos comunes en el fútbol.

Por Katja Schroffenegger

No podía respirar. Pensé que estaba teniendo un ataque al corazón.

Estaba en el campo haciendo rehabilitación después de operarme del tendón de Aquiles y, mientras descansaba entre dos ejercicios, no podía respirar. No era normal; no estaba haciendo nada especialmente extenuante y no me entraba aire en el cuerpo.

Le dije a mi entrenador de rehabilitación que algo iba mal. Me llevó al hospital y recuerdo que me preguntaba si podría tratarse de un infarto, aunque el dolor era en el lado derecho del pecho.

Cuando llegué al hospital, los médicos me hicieron inmediatamente un ECG para comprobar el estado de mi corazón y, cuando salió bien, me hicieron una radiografía y descubrieron que mi pulmón derecho había colapsado. No hubo ningún aviso ni trauma previo. Lo único que sé es que en un momento estaba bien y al siguiente me sentía como si estuviera luchando por mi vida.

Me dijeron que la causa podían haber sido burbujas de aire que se desarrollaron y desencadenaron el colapso al reventar. Los médicos me operaron de inmediato y me explicaron que se trataba de un problema muy grave que requería una intervención inmediata. Me pusieron un tubo y me bombearon el pulmón para que pudiera volver a respirar con normalidad.

Sin embargo, necesitaba otra operación. Una mayor. Sin esa intervención, la probabilidad de que volviera a ocurrir podía llegar al 40%. No eran probabilidades que estuviera dispuesta a aceptar, sobre todo como arquera, ya que no podía vivir una vida en la que temiera cualquier tipo de impacto físico.

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Katja Schroffenegger in action for Como

Me operaron y me dieron el alta quince días después. Todavía me dolía mucho, tenía que dormir sentada y me esperaba un largo periodo de rehabilitación. Lo que más me costó fue la soledad.

Los médicos me dieron el alta y me dijeron que podía volver a la vida normal, pero no tenían ningún consejo para la vida como futbolista. El personal médico del club y el mío propio no tenían un plan de actuación y tuvimos que crearlo desde cero.

Durante el primer mes de recuperación no me permitieron hacer nada en absoluto, luego me lo tomé con calma con algo de natación ligera, un poco de bicicleta y mucho Pilates, nada por encima de 120 latidos por minuto. Fuimos progresando poco a poco hasta que volví a entrenar tres meses después.

Había muchos factores en juego y era bastante estresante pensar en todas las comunicaciones. Mientras estuve en el hospital, Como me facilitó las cosas poniéndome en contacto directo con el médico del club, que me transmitió la información pertinente para que yo pudiera concentrarme en mejorarme. Fue un apoyo brillante en todas las fases del proceso y, junto con la ayuda de mi propio médico, mi fisioterapeuta y mi entrenador de rehabilitación, jugué mi primer partido tres meses y medio después del colapso.

Tengo la suerte de contar con un osteópata en el equipo médico del Como y sigo beneficiándome de su ayuda para fortalecerme. Sin embargo, no todas las jugadoras lo tienen, y hay otros apoyos -como la fisioterapia respiratoria- que simplemente no eran posibles con el presupuesto disponible para una jugadora de un equipo femenino, incluso en la Serie A.

Cuando te dañas el tendón de Aquiles es horrible; sabes que te espera un largo periodo de recuperación antes de poder volver a jugar -en mi caso, no estaba segura si volvería-, pero al menos puedes afrontarlo. No había nadie que hablara de la vida con un pulmón colapsado, así que no tenía casos de los que aprender ni nadie con quien compartir mis experiencias.

Cuanto más se hable del tema, mejor podremos abordarlo y elaborar programas fijos de recuperación.
Katja Schroffenegger

Pregunté a los médicos si el hecho de haber tenido esta complicación y la consiguiente operación podría significar que mi salud sería menos fiable en el futuro, si podría ser una señal de alarma para futuros clubes que buscaran jugadoras. Me respondieron que el hecho de haberme sometido a la segunda operación no significa que tenga más probabilidades de sufrir complicaciones de salud relacionadas que cualquier otra persona. Hablé con mi médico, que trabaja con un equipo masculino de la Serie A, y me dijo que bastantes jugadores han sufrido algún que otro colapso pulmonar, aunque ninguno de ellos habla del tema.

Por supuesto, hay distintos grados -la mía fue bastante grave-, pero no hay razón para que nos quedemos callados ante este tipo de lesiones en el fútbol. Deberíamos contar nuestras experiencias, cómo se desarrollaron, cómo nos recuperamos y, en última instancia, cómo regresamos al juego. Lo peor para mí fue el miedo a lo desconocido y espero que hablar del tema ayude al próximo jugador o jugadora al que le ocurra.

Cuanto más se hable, mejor podremos abordarlo y elaborar programas fijos de recuperación. Nuestros cuerpos son muy importantes para nuestras carreras y no deberíamos tener que adivinar qué medidas debemos tomar para protegerlos.

Ahora no estoy libre de dolor, pero cada día soy más fuerte con el apoyo médico del que dispongo. Tener un colapso pulmonar es algo aterrador y peligroso, pero no significa el final de tu carrera, ni siquiera una pausa tan larga como podrías pensar.

Hagámoslo más fácil para el próximo futbolista simplemente hablando de lo que ocurrió.