Opinión
El retiro de González Puche: “Sé que dejo un legado, un camino y un ejemplo”

Sobre el autor
Carlos González Puche es un símbolo del movimiento sindical de futbolistas en Sudamérica. Fundador de ACOLFUTPRO y su director ejecutivo hasta el 30 de junio, el dirigente colombiano se retira tras 22 años de defender los derechos de los y las futbolistas de su país y de la región. Fue integrante del Consejo de FIFPRO, formó parte del Comité de EDI y tuvo una participación vital en las colaboraciones con la OIT, entre otros aportes significativos al movimiento mundial de jugadores.
Por Carlos Gozález Puche
Recuerdo como si fuese ayer lo que sucedió hace 22 años, exactamente el 26 de marzo de 2004, en la concentración de la selección Colombia en la ciudad de Armenia: nació ACOLFUTPRO, el sindicato colombiano de futbolista profesionales, producto de lo que les relato a continuación.
En 1977 tuve la fortuna de Carlos Alberto Della Savia, quien, junto a Carlos Pandolfi, fue uno de los líderes de la huelga que, mediante conciliación, dio origen a la Ley 430 de 1975 (Estatuto del Futbolista Profesional) en Argentina. Como estudiante de derecho, el veneno sindical lo bebí apoyándome en este maestro, quien me ilustró sobre todos los pormenores del proceso que había vivido y sobre cómo, por su condición de caudillo, fue estigmatizado por los clubes para no contratarlo, lo cual lo obligó a refugiarse en Colombia junto con Pandolfi.
Viví en carne propia el abuso que sufrían los jugadores en el país por el desconocimiento de sus derechos por parte de sus empleadores. Tuve la fortuna de debutar en el equipo del que soy hincha y en el que siempre soñé jugar: Millonarios de Bogotá, equipo en el que adelanté todo mi proceso formativo, fui campeón de reservas y debuté como profesional en 1980. Teniendo claro que ganarse la vida jugando al fútbol era una lotería, nunca dejé de estudiar.
En 1981, los resultados deportivos no fueron los mejores, lo que motivó que el presidente del club se presentara con una carta para que todo el plantel la firmara, alegando "bajo rendimiento" como causal para poder despedirnos. Como aprendiz de abogado, motivé a mis compañeros para que no aceptáramos presiones para suscribirla, toda vez que, en el fútbol, al ser un deporte de conjunto, no es admisible que se aleguen ese tipo de justificaciones para terminar contratos de trabajo. Desde entonces, quedé marcado como sindicalista; ese presidente se encargó de impedir que durante el año 1983 pudiera desempeñarme como futbolista profesional. Fue hasta el año 1984 que los mafiosos dueños del club me prestaron al club América de Cali, el cual quedó campeón de la liga colombiana. Sin embargo, por causas no imputables a mi desempeño, en 1985 volví a quedar congelado para trabajar.
En 1986 me recibí como abogado con la tesis titulada “El pase y la transferencia en la legislación colombiana”, en la que dejé en evidencia que los futbolistas, como activos de los clubes, éramos absolutos esclavos.
Por mi obsesión para que nunca más ningún futbolista tratado como yo lo padecí, junto con mi colega Felipe De Vivero, demandamos la Ley del Deporte y logramos que la Corte Constitucional mediante la sentencia de cosa juzgada constitucional C-320 del 3 de julio de 1997, se le reconociera a los futbolistas su condición de trabajadores, con fundamento en la aplicación del fallo Bosman, con base en la cual, mediante la sentencia T-302 de 1998, logré liberar a cuatro futbolistas del Club Independiente Medellín.

Por cuenta de estos logros, Luis García, exinternacional por Colombia, con el apoyo de referentes como Iván Córdoba, Mario Yepes y Juan Pablo Ángel, me buscaron en el año 2003, para que liderara la creación de una asociación que tuviera por objeto defender a los futbolistas en el país más peligroso del mundo para el ejercicio de la actividad sindical. Fue una misión suicida si se tiene en cuenta que la mayoría de los clubes en esa época, eran propiedad de narcotraficantes.
Vencer el miedo y concientizar a los futbolistas de que eran sujetos de derechos y que contaban con mecanismos legales y reglamentarios para defenderlos, fue titánico, porque el riesgo era enorme y las amenazas de estos “personajes” no se hicieron esperar. La forma de convencerlos de que unidos éramos fuertes exigía generar precedentes exitosos para demostrar que teníamos la razón.
El primero de ellos se dio con la liberación de Juan Carlos Henao, arquero del Once Caldas campeón de la Copa Libertadores en el 2004, a quien apoyamos para que en enero de 2005 fuera contratado por el club Santos FC de Brasil.
El 7 de julio de 2005, presentamos el primer pliego de peticiones para exigir condiciones laborales dignas. Tras la negativa de negociación de la Federación Colombiana de Fútbol y la DIMAYOR, el Ministerio del Trabajo medió logrando que, mediante actas del 21 y 28 de septiembre, ACOLFUTPRO fuera reconocida como representante de los futbolistas en Colombia.
Por violación de nuestro derecho de asociación y negociación colectiva, que conforme a los convenios 87 y 98 de la OIT nos debió garantizar el estado colombiano, lo demandamos ante la OIT y el Comité de Libertad Sindical. Como resultado del trámite de la queja 2481, se nos dio la razón y les exigió a las autoridades de Colombia amparar nuestros derechos.
En Colombia nunca ha existido una verdadera voluntad de dialogo por parte de los directivos, por lo que siempre tuve claro que el único camino para defendernos era recurrir ante los jueces para que se reconocieran los derechos de los futbolistas, obteniendo sentencias trascendentales y participando de leyes que han protegido nuestra profesión. Ese es mi gran legado.

En todo este proceso, el apoyo de FIFPRO ha sido fundamental y, como miembro de FIFPRO Sudamérica y posteriormente del Consejo de FIFPRO, pude apoyar la gestión en la mayoría de los sindicatos de todo el territorio americano.
Los recuerdos y logros son infinitos y quedarán imborrables en mi memoria, como las inauguraciones de la casa del futbolista en Bogotá en el 2018 y la sede deportiva en el 2023, participar en la redacción de la Ley 1445 del 2011, que estableció obligaciones especificas a los clubes profesionales que para poder operar tienen que respetar nuestros derechos, además de estar presente con los futbolistas y exfutbolistas en el acto donde el presidente de Colombia sancionó esta ley.
Con mucho orgullo y emoción siempre recordaré el 8 de marzo de 2019, cuando ACOLFUTPRO promovió la rueda de prensa para que un grupo de valerosas mujeres futbolistas, quienes con una firmeza y convicción admirable, se atrevieron a denunciar el acoso sexual, maltrato y desigualdad de los que eran objeto por parte de los directivos, en las convocatorias a las selecciones colombianas sub-17 y de mayores, hito histórico que le cambió la vida a las mujeres futbolistas en el país.
En todo el trajín que he vivido hasta la fecha, que ha implicado riesgos, sacrificios personales y familiares, me queda la satisfacción del deber cumplido sabiendo que hoy en Colombia, a los futbolistas se les respetan sus derechos. He aprendido que la realidad en cada país es muy diferente y que es difícil que se entiendan las particularidades del país en el cual vivo, en donde quienes no comparten posiciones, en lugar de contrapartes, se consideran enemigos.
Mi gran frustración es que no haya quedado resuelto el conflicto colectivo de las peticiones que durante los dos últimos años se negociaron con los directivos, con la mediación del Ministerio del Trabajo, la OIT y la FIFA y que, a pesar de llegar a un consenso sobre el documento que las resolvía, los directivos se han negado a suscribirlo.
Sé que dejo un legado, un camino y un ejemplo y que continuaré batallando con lo que este a mi alcance siempre para aportar y defender los derechos de los y las futbolistas.

