José María Giménez, uno de los futbolistas uruguayos más importantes de la última década, tomó una decisión trascendental para su vida: vencer el miedo y terminar sus estudios secundarios. Gracias a Bachillerato Trayectos, una propuesta educativa de la Mutual Uruguaya de Futbolistas Profesionales (MUFP) pensada para que más futbolistas puedan finalizar sus estudios, el central del Deportivo A Coruña estudia a distancia desde España para conseguir por fin su título de bachiller.

En una entrevista para las redes sociales de MUFP, Josema contó su historia relacionada con los estudios, ser una persona con TDAH diagnosticado, la importancia de estudiar pensando en la vida después del fútbol y en ser ejemplo para sus hijos. Esta es la transcripción de la entrevista.


Fui a la escuela 176 de San Andrés en Toledo y los recuerdos que tengo sobre todo son del recreo. Hoy recordándola fue una etapa obviamente muy linda.

Nuestra escuela era bastante humilde y los paseos eran humildes. Hace dos años vi por primera vez el mausoleo de Artigas [NdR: el máximo héroe nacional uruguayo]. Vine a Montevideo de paseo en las vacaciones y le pedí a mi esposa que me acompañara con mis hijos. Y cuando me vio todo sorprendido me preguntó: “Pero este es el paseo que se hace con la escuela”. Y yo le dije: “Yo no lo hice”.

Me emocionó entrar ahí porque sobre todo era algo que siempre se hablaba y nunca podía ir. Entré, disfruté, me saqué fotos. Los paseos que hacíamos en la escuela normalmente eran a viveros, a conocer plantas, pero todo ahí en Toledo.

Soy una persona que tiene TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad), me lo diagnosticaron hace poco. Todo me costó muchísimo más, sobre todo por el tema de la conducta. A nivel de estudio siempre me fue relativamente bien, pero a nivel de conducta me condenaba. Pobre las maestras que les tocó lidiar conmigo, ¿no? Pero bueno, les pido disculpas porque era un niño que le funcionaba la cabeza a dos mil por hora.

Me acuerdo que la maestra Mariela me ponía dos cuadernos. Uno para la tarea típica de la clase que ponía en el pizarrón, pero aparte me ponía más tareas. Entonces yo terminaba uno, se lo daba, me lo corregía y ya me ponía con la otra. Y así más o menos iba sosteniéndome.

Josema Gimenez Deportivo A Coruna
Josema Giménez, con la camiseta del Deportivo a Coruña, club al que llegó para la temporada 2026-2027 (Crédito: Imago)

Tengo un hijo con TDAH. Se le descubrió también junto conmigo y tiene ocho años. Cuando me cuentan que es hereditario, me pongo a llorar, sobre todo porque hacía ocho años no lo entendía. Yo pensaba que no me hacía caso, no le importaba nada. O sea, era como: “Loco, te estoy hablando, respetame, no te pongas en ese modo”.

Y la realidad es que era su cabeza que le funcionaba así. Cuando le tuve que transmitir esto, le dije: “Sos especial, como papá. Tenemos que tomar una pastilla todas las mañanas y tenemos que tratar de, de concentrarnos, estar tranquilos”. Así un poco lo vas acompañando, ¿viste?

El Liceo de Toledo es relativamente chico. Hay primero, segundo y tercero por la mañana. Ya lo que es cuarto, quinto y sexto año es por la tarde o por la noche. Hasta tercero todo bien, espectacular, paso sin problema. Cuando paso a cuarto es donde se empieza a complicar el tema, porque yo entrenaba a la tarde [NdR: en el club Danubio].

Entonces empecé a estudiar en el Dámaso. Entraba a estudiar a las ocho y a las seis de la mañana me estaba levantando. Claro, yo de ahí me iba caminando del Dámaso hasta la sede de Danubio. Ahí Danubio me había ayudado para que yo pudiese almorzar. Me quedaba un rato ahí y a las tres, cuatro de la tarde entrenaba en Malvín.

Intentaba irme rápido en el ómnibus de la escuelita de Danubio. Pero si yo no agarraba el ómnibus ese, llegaba a mi casa a las nueve de la noche. Era una locura. ¿Qué pasó? A mitad de año suena el despertador, lo apagas y seguís durmiendo.

Estaba liquidado, no aguantaba más. No era persona. No cenaba por acostarme a dormir y el cansancio que manejaba del día a día. Tuve que abandonar. Si en el Liceo de Toledo, por ejemplo, hubiese habido clases a la mañana de cuarto, quinto y sexto, probablemente lo hubiese terminado. Ahí ya tenía diecisiete años.

Queda embarazada mi hermana y yo opto por querer dejar el fútbol para ponerme a trabajar. Necesitaba ayudar a mi familia por el tema de los ingresos. Tener un niño no es fácil. Comíamos todos los días gracias a Dios pero de verdad que no tirábamos manteca para el techo.

Llamé a mi representante y amigo: “Tengo que hablar con ustedes. Tengo que dejar el fútbol, mi hermana está embarazada y es una decisión que la tengo que tomar". Llegaron a casa, se sentaron conmigo y me dijeron: "No, no vas a dejar el fútbol, te vamos a ayudar". Obviamente le agradecí. Seguí con el fútbol, ahí ya no me enfoqué en el estudio, es la realidad.

Después firmé un contrato con Danubio y ahí ya cambió nuestra situación.

Josema Gimenez Danubio
Josema Giménez, en sus inicios como futbolista de Danubio

Estoy participando en el curso de bachiller, que es organizado por Mutual, para poder terminar el bachillerato y, ya cuando esté recibido, pueda estudiar otra carrera. La realidad es que dejé la vergüenza de lado. Dije: “Quiero aprender, quiero ganármelo”.

Al principio era como medio tímido con la situación, estaba un poco colorado ahí que no quería hablar, pero hoy por hoy, los compañeros han hecho que también uno se sienta mucho más cómodo, esté mucho más relajado en la clase, pueda participar. Siempre que no podés por alguna situación, te mandan las tareas.

Han facilitado mucho una situación que por ahí antes no se podía hacer. Me acuerdo que antes tenía que llamar al liceo donde había estudiado, pedir las materias que tenía que dar y dar como unos exámenes libres. No me acuerdo bien cómo era la movida que dije no. Y cuando surgió esta posibilidad que me enteré por Diego Scotti [NdR: presidente de MUFP] le planteé si había una posibilidad de que yo pudiera participar. Dijeron que justo estaban cerrando un grupo y ahí fue cuando se me abrió la puerta al conocimiento.

Cuento una situación que me pasó: jugamos contra el Arsenal en fase de grupos. En Londres. Me acuerdo que teníamos una hora y media más o menos de viaje desde el estadio al aeropuerto y era horario de clase. Y dije: “Me voy a conectar pero no voy a conectar la cámara porque estoy en el ómnibus”. Yo en el viaje para el aeropuerto iba escuchando la clase.

Me acuerdo que estábamos en español, estábamos participando ahí, estaban leyendo el cuento del perro. No me olvido más.

Otra vez, jugué local. Creo que fue contra el Inter. Terminó el partido, me bañé y me fui para casa. Tenía que hacer alguna cosa ahí de recuperación y me iba conectando en el auto a la clase, siempre escuchando, sin mirar, prestando atención desde lo que escuchaba. Y ya cuando llegaba me conectaba a la computadora, miraba la clase, participaba y después me iba a acostar.

Es verdad que es sacrificado, pero yo creo que todo esfuerzo vale la pena, todo sacrificio vale la pena. Es algo que no solo te da conocimiento, sino también te da fuerza de voluntad, te da satisfacción decir mañana lo logré haciendo un esfuerzo. Por ahí el mío es el horario, pero capaz que para otro es salir de trabajar, ir y conectarse.

Cuando vos decís “No tengo nada para perder y tengo mucho para ganar”, decís “Vale la pena hacer el esfuerzo”.

Jugamos contra el Arsenal en fase de grupos. En Londres. Me acuerdo que teníamos una hora y media más o menos de viaje desde el estadio al aeropuerto y era horario de clase. Yo en el viaje para el aeropuerto iba escuchando la clase.

El estudio te ayuda en el fútbol, en el día a día. Saber tomar mejor una decisión en la cancha, saber calcular mejor situaciones de juego, pensar mejor, razonar mejor, tanto afuera como adentro de la cancha. Y eso yo creo que se está dejando de lado, sobre todo porque en los adolescentes se está utilizando mucho el poder de los representantes.

No estoy en contra ni mucho menos de los representantes, pero yo veo a niños que tienen once, doce años, que les hacen firmar contratos a sus papás Es un niño, todavía tiene que madurar mentalmente. Y el estudio te va a ayudar también cuando seas grande porque mañana capaz que te va bien el fútbol y tenés dinero. ¿Qué hacés con ese dinero? ¿En qué te enfocás? Porque del fútbol no se vive toda la vida.

Vos imaginate, termina el partido, te retiraste. El lunes disfrutás, bien. Ya me retiré, voy a caminar. El martes, uy, lo mismo que ayer. El miércoles... ¿Y qué hacés el lunes de la semana siguiente? Porque la gente sigue su vida. Vos sos mi amigo. Imaginate, trabajás de otra cosa y vos vas a seguir trabajando. ¿Y yo qué hago? A mí me encantaría recibirme y poder venir con mis hijos y graduarme.

Y sobre todo también por el ejemplo para los niños. Muchas veces ellos se van a dormir y me dicen:

-Papi, ¿vos te vas a acostar?
- No.
- ¿Por qué?
- Porque yo estudio.

Y claro, la diferencia horaria me hace estudiar a las doce de la noche de España. Mi hijo me dice: "Papi, ¿por qué querés estudiar a esta edad?" Nunca, nunca es tarde para estudiar. Nunca es tarde para poder recibirte, cumplir tu sueño y decir: "Loco, me recibí".