Sobre el autor
Justin Morrow jugó en la Major League Soccer durante 12 años y ahora ocupa un cargo ejecutivo en la lucha contra el racismo en el fútbol. En vísperas de la Copa Mundial 2026, el ex internacional estadounidense habla del clima actual que rodea a la discriminación en el fútbol y de su visión positiva del futuro.

Por Justin Morrow

Ser objeto de racismo o discriminación es una experiencia aislante. Ya sea en persona o en línea, sufrir abusos puede hacer que te sientas aislado, indeseado y desanimado. Como seres humanos no estamos preparados para procesar solos semejante avalancha de emociones.

Contar con una comunidad que te ofrezca su mano, sea en público o en privado, tiene un valor incalculable en estas circunstancias. Ese sistema de apoyo ayuda a los y las futbolistas a sentirse seguros y parte de una lucha contra los mismos comportamientos que han intentado hundirlos.

En mi trabajo con Black Players for Change, donde luchamos por la igualdad y la inclusión en el deporte, he descubierto que no se puede subestimar la importancia de la comunidad. Los jugadores, entrenadores y directivos negros nos unimos y nos apoyamos mutuamente. Ya sea en redes, reuniones o incluso jugando unos contra otros, hemos creado una poderosa conexión.

El sentimiento de comunidad tampoco es siempre un fenómeno local. El Consejo Mundial de Futbolistas, en colaboración con FIFPRO, está creando oportunidades reales para que los y las futbolistas compartan sus experiencias y establezcan conexiones en todo el mundo. Reúne diferentes elementos del ecosistema del fútbol y comparte las mejores prácticas que no solo pueden ayudarnos a abordar y prevenir eficazmente los incidentes de racismo, sino también a comprender las causas profundas de la discriminación.

El año pasado, FIFPRO, la World Leagues Association (WLA) y la Organización Internacional del Trabajo se unieron para crear una lista de recomendaciones sobre iniciativas contra el racismo: políticas y procedimientos que los sindicatos, las ligas y las partes interesadas pueden aplicar en sus esfuerzos por crear entornos más seguros para los jugadores. Fue una poderosa colaboración.

Con la Copa del Mundo a la vuelta de la esquina, es más importante que nunca que presentemos un frente unido contra el racismo.

Es el mayor escenario del fútbol. Los jugadores cargan con las expectativas de sus países, compañeros, aficionados y familias. La presión es inmensa. Pensar que, además, pueden tener que enfrentarse a la discriminación o al racismo es injusto.

Es imperativo que sigamos creando un entorno en el que jugadores y jugadoras puedan centrarse únicamente en su trabajo. Y esa es una tarea ingente. El mensaje de todas las partes, incluso en los estadios, debe ser el mismo, porque todos los ojos están puestos en el partido. Tenemos que dejar claro que la discriminación, en cualquiera de sus formas, no tiene cabida en el fútbol.

Las campañas, los mensajes y nuestras respuestas a la discriminación son muy importantes, especialmente en un escenario tan destacado como el Mundial, pero para marcar realmente la diferencia tenemos que fomentar una mejor comprensión entre los jugadores veteranos, los aficionados, el personal y la industria del fútbol en general. Y, quizás lo más importante, necesitamos a las personas adecuadas para liderar la conversación.

Aunque los futbolistas deberían ser siempre el centro absoluto del juego, no tienen necesariamente las respuestas ni la formación necesarias para abordar personalmente muchos de los problemas que plantea el fútbol. Tampoco deberíamos esperar que lo hicieran. Debe haber gente a su lado y, entre esas personas, debe haber expertos formados para definir las mejores maneras de abordar la discriminación.

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Justin Morrow

Se necesita mucha investigación y análisis de datos para comprender los matices de estas cuestiones dentro del juego y me encantaría que el sector adoptara este tipo de aprendizaje.

Creamos campañas, iniciativas y eslóganes con las mejores intenciones, pero luego se los entregamos a personas sin verdadera experiencia en cuestiones raciales. El resultado suele ser que estos esfuerzos parecen más performativos que genuinamente progresistas.

Formo parte de una iniciativa de educación de jugadores de la Major League Soccer llamada Playing As One, que imparte cursos de 90 minutos a los jugadores cada temporada, antes incluso de que jueguen un partido. Se les enseña conciencia cultural, antidiscriminación y antirracismo. Ha sido una de las experiencias más gratificantes de mi carrera.

Vemos a futbolistas que hacen preguntas, se muestran vulnerables, desafían las normas sociales y muestran un compromiso real de formar parte de la solución. Desde la introducción del programa, hemos asistido a una disminución del 70% de los incidentes de racismo y discriminación en el campo de juego, un progreso que tiene su origen en la educación.

La educación focalizada es muy importante en la sociedad actual, en la que la discriminación parece inseparable del mundo en que vivimos. Los conflictos mundiales, las divisiones por cuestiones políticas y el rápido avance de la tecnología repercuten directamente en el juego y, a su vez, en la forma en que abordamos la discriminación y el racismo en él.

Estados Unidos es un país relativamente joven en lo que respecta al fútbol. Hace sólo 30 años que este deporte ha cobrado importancia y se ha convertido en el deporte profesional que es hoy en día. Cada año vemos un enorme aumento del número de niños y niñas que empiezan a jugar, y ya en las categorías inferiores podemos ver ejemplos de racismo y discriminación.

Suena deprimente. Pero también ofrece un rayo de esperanza.

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Justin Morrow se entrena con Estados Unidos en 2018

Aunque podemos ver claramente reflejos de la sociedad en los jóvenes de hoy, también vemos cómo se les puede educar para responder con gracia, responsabilidad y comprensión de lo que significa alzar la voz en el momento. He visto a equipos muy jóvenes abandonar el terreno de juego en señal de protesta contra la injusticia. Los he visto luchar para hacer oír su voz contra la discriminación. Y me llena de positivismo que estos jóvenes jugadores se conviertan en líderes tanto del fútbol como de la sociedad en general.

El progreso nunca va a seguir una trayectoria lineal, pero en muchos aspectos hemos avanzado tanto desde donde estábamos hace incluso 10 años.

Los jugadores son más conscientes de la presencia y los efectos de la discriminación en el fútbol y están cada vez más dispuestos a prestar su voz para abordar la cuestión con mayor profundidad. Esto es alentador, porque estas personalidades no sólo influyen en el juego mientras juegan, sino que a menudo ocupan puestos de liderazgo en otros sectores de la industria.

Los líderes de hoy no están de brazos cruzados. Hemos dado pasos de gigante en la última década. Pero tengo verdaderas esperanzas de que los líderes del mañana nos lleven aún más lejos. Sí, a veces las cosas pueden parecer mal. Pero también veo mucho positivismo en lo que ya se ha conseguido, y en los jugadores jóvenes, aficionados y líderes que el fútbol está empezando a producir. Esto será siempre lo que me impulse a seguir adelante, y lo que alimente mi compromiso de marcar la diferencia.

El Comité de EDI de FIFPRO marca la diferencia